El beneficio de la actividad física durante el tratamiento con quimio o radioterapia es una revelación reciente. Si hacemos ejercicio durante estas fases iniciales del tratamiento conseguiremos una disminución de los efectos adversos derivados de ello como por ejemplo las náuseas, el cansancio, la debilidad. También vamos a ser capaces de mantener o mejorar nuestra capacidad física. La capacidad física está directamente relacionada con la supervivencia y con la calidad de vida.

Los ejercicios más recomendados son los aeróbicos de intensidad moderada (caminar, ciclismo, nadar) o intensa (correr, footing, elíptica) para aquellos que de base tienen buena forma física. Es necesario realizar aproximadamente 150 min/semana de ejercicio moderado o 75/semana de ejercicio intenso. Para las personas completamente sedentarias que inician un tratamiento oncológico es beneficioso realizar cualquier tipo de ejercicio físico aunque sea menor la duración. Es ideal alternar las sesiones de ejercicio aeróbico con sesiones de entrenamientos muscular con pesas o gimnasia para mantener fuerza y masa muscular. También las sesiones de yoga, tai-chi o el baile son útiles ya que mejoraran el equilibrio y el estrés.

Una vez finalizado el tratamiento oncológico es importante mantener una vida activa e incluso aumentar el nivel de ejercicio físico que realizamos. La constancia es la clave. El ejercicio físico regular además de mejorar la calidad de vida va a disminuir la posibilidad de sufrir eventos cardiovasculares. Los beneficios en cuanto a control de hipertensión arterial, diabetes, dislipemia o sobrepeso están ampliamente demostrados.